jueves, junio 18, 2009

No solo opinamos en las urnas

Primero se llevaron a los negros,
pero a mi no me importó, por que yo no lo era.

Enseguida se llevaron a los judíos,
pero a mi ni me importó, porque yo no lo era.

Después detuvieron a los curas,
pero como yo no soy religioso, tampoco me importó.

Luego apresaron a unos comunistas,
pero como yo no soy comunista, tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde.

Bertold Brecht

2 comentarios:

Karina Taveras G. dijo...

Muchas veces nos sumimos en la apatía... Creemos que las cosas no nos van a ocurrir a nosotros, esas cosas pasan en lugares apartados, a personas extrañas, al vecino, pero no a mi.
Es dura la realidad, al abrir los ojos, advertir que te llevan..pero que ya no hay tiempo.

Giselle Moreno dijo...

Pedro Fe de errata , este poema es de Martin Niemöller, me llamo poderosamente la atencion al visitar el museo del Holocausto en Washintong DC. y cuando lo busque para copiarlo tambien lei que se le habia atribuido por error a Bertol Bretch.

Te dejo otro que esta frente a la escena mas deprimente para mi del museo, mas que lo experimentos humanos, mas que la maqueta de la camara de gas.....miles de zapatos recogidos de los campos de concentacion , este poema que me hizo llorar mucho de Elie Wiesel

Never shall I forget that night, the first night in camp, that turned my life into one long night seven times sealed.
Never shall I forget that smoke.
Never shall I forget the small faces of the children whose bodies I saw transformed into smoke under a silent sky.
Never shall I forget those flames that consumed my faith for ever.
Never shall I forget the nocturnal silence that deprived me for all eternity of the desire to live.
Never shall I forget those moments that murdered my God and my soul and turned my dreams to ashes.
Never shall I forget those things, even were I condemned to live
as long as God Himself.
Never.






Nunca olvidaré esa noche, la primera noche en el campo, la cual convirtió mi vida en una larga noche, siete veces maldecida y siete veces sellada. Nunca olvidaré aquel humo. Nunca olvidaré las caras pequeñas de los niños, cuyos cuerpos vi convertirse en espiral de humo bajo un silencioso cielo azul. Nunca olvidaré estas llamas que consumieron para siempre mi fe. Nunca olvidaré ese silencio nocturno el cual me privó, para toda la eternidad, del deseo de vivir. Nunca olvidaré aquellos momentos en los cuales asesinaron a mi Dios y mi alma y convirtieron mis sueños en polvo. Nunca olvidaré estas cosas, aunque esté condenado a vivir tanto como Dios mismo. Nunca.