jueves, mayo 03, 2007

La vida al filo del caos


En una ocasión, me prestaron (o me regalaron, la verdad no recuerdo, pero espero que sea la última porque no creo haberlo devuelto), el libro "Lost World" de Michael Chrichton, que es la Secuela de Jurassic Park. Ambos fueron llevados exitosamente (en términos de taquilla) al cine, pero a mi particularmente no me gustan las películas muy comerciales. Como sea, le dí una oportunidad al libro y me sorprendí de lo diferente que puede ser la comparación de un libro y una película. Si para muestra basta un botón, les ofrezco el prólogo de este libro, esperando que además les aporte la comprensión del balance que se busca con el caos. Sí, ya sé que suena raro pero es cierto y sé que van a comprender de inmediato. La traducción desde el inglés es mía.
"PARQUE JURÁSICO: EL MUNDO PERDIDO", del escritor Michael Chrichton.

Prólogo: "La Vida al filo del caos".

El Instituto Santa Fe estaba ubicado en una serie de edificios en la Carretera Canyon que anteriormente fue un convento, y los seminarios se llevaban a cabo en un salón que en un tiempo sirvió de capilla. Ahora, parado en el podio, con un rayo de luz solar cayendo directamente sobre él, Ian Malcolm había pausado dramáticamente antes de seguir su discurso.

Malcolm tenía Cuarenta años, y era una figura familiar en el instituto. Había sido uno de los primeros pioneros en la Teoría del Caos, pero su prometedora carrera se vió interrumpida por una lesión severa durante un viaje a Costa Rica; de hecho Malcolm fué reportado muerto por varios canales de noticias. "Lamento haber interrumpido las celebraciones de varios departamentos de matemáticas alrededor del país", -diría él más tarde- "pero resultó ser que estaba solo ligeramente muerto. Los cirujanos han hecho maravillas como de seguro serán ellos los primeros en contarles. Así que estoy de regreso, en mi próxima reencarnación, como bien podrían ustedes decir". Vestido completamente de negro, apoyándose en un bastón de bambú, Malcolm daba una impresión de severidad. Era conocido en el Instituto por sus análisis poco convencionales. Su charla en ese día de Agosto, titulada "La vida al filo del Caos", era típica de su forma de pensar. En ella, Malcolm presentaba su análisis de la Teoría del Caos aplicada a la evolución.

No podría haber pedido una audencia más conocedora del tema que la que tenía ante sí. El Instituto Santa Fe se había formado a mediados de los 80's por un grupo de científicos interesados en las implicaciones de la Teoría del Caos. Estos científicos venían de distintos campos de la ciencia: Física, Economía, Biología, Ciencia de la computación. Lo que tenían en común era su creencia de que la complejidad del mundo ocultaba un mundo subyacente que había eludido previamente la ciencia, y que sería revelado por La Teoría del Caos, ahora conocida como La Teoría de la Complejidad. En sus propias palabras la teoría de la complejidad era "la ciencia del siglo 21".

El Instituto había explorado el comportamiento de una gran variedad de sistemas complejos, -Corporaciones en un ambiente de mercado, neuronas en el cerebro humano, cascadas de enzimas en una sola célula, el comportamiento grupal de las aves migratorias- tan complejos que no había sido posible estudiarlos antes del advenimiento de la computadora. El estudio era nuevo, y los hallazgos sorprendentes. No les tomó mucho tiempo a los científicos darse cuenta de que los sistemas complejos acusaban un cierto tipo de comportamiento común, así que empezaron a pensar en estos comportamientos como típicos de los sistemas complejos.

Se dieron cuenta que estos comportamientos no podrían ser explicados analizando sus componentes. La antigua tesis científica del reduccionismo no los llevaba a ningún sitio con estos sistemas, debido a que el comportamiento interesante parecía surgir de la espontánea interacción de sus componentes. El comportamiento no era planeado o dirigido, sencillamente sucedía. Dicho comportamiento fué llamado en consecuencia, "auto-organizado".

"De los comportamientos auto-organizados" -dijo Ian Malcolm- "dos son de particular interés para el estudio de la evolución. Uno es la adaptación. Lo vemos dondequiera. Las Corporaciones se adaptan al mercado, las células cerebrales se adaptan a las señales de tráfico, el sistema inmunológico se adapta a la infección, los animales se adaptan de acuerdo a su reserva alimenticia. Hemos deducido que la habilidad de adaptarse es característica de los sistemas complejos y puede ser una razón de por qué la evolución nos lleva cada vez hacia sistemas más complejos".

Se alejó del podio transfiriendo su peso en el bastón. "Pero más importante aún", -dijo- "es la forma en que estos sistemas parecen buscar un balance entre la necesidad de orden y lo imperativo de cambiar. Los sistemas complejos tienden a localizarse en un lugar que llamamos "el filo del caos". Nos imaginamos el filo del caos como el lugar donde hay suficiente innovación para mantener un sistema vivo,  vibrante, y suficiente estabilidad para no dejarlo caer en la anarquía. Es una zona de conflicto y solevantamiento, donde lo viejo y lo nuevo están en guerra constante. Encontrar el punto de equilibrio es una cuestión delicada. Si un sistema viviente se acerca al abismo corre el riesgo de caer en la incoherencia y la disolución; pero si el sistema se mueve muy lejos del borde se torna rígido, congelado, totalitario. Ambas condiciones llevan a la extinción. Mucho cambio es tan destructivo como poco. Solo en el borde del caos pueden los sistemas complejos florecer".

Hizo una pausa. "Y por implicación la extinción es el inevitable resultado de una estrategia u otra: mucho o poco cambio".




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